El profesor la llamó a su depacho.
Tengo que comunicar este suceso a sus padres.
Llevaba mes y medio sin acudir a sus clases y sus notas habían dado un espectacular giro hacia abajo.
Con lo buena estudiante que era....
Esta mañana había pillado a Lucía haciendo novillos en un parque.
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Se encontraba tumbada en el césped cuando la sorprendió. Iba vestida con una camiseta blanca de tirantes y una falda azul muy corta, que se subía por sus pálidas piernas, mostrando ligeramente unas braguitas blancas.
Su pelo enmarcaba su rostro, y sus labios jugosos se encontraban entreabiertos, dejando entrever en ocasiones una pícara sonrisa.
Se la veía tan vulnerable y frágil... Se imaginó recorriendo aquel cuerpecito con sus manos..
¡Quítate esa idea de la cabeza! Lucía es alumna mía. Debo poner cartas en el asunto. Luego hablaré con ella.
Suspiró y regresó al colegio. Había recorrido con la mirada esas piernas de adolescente hasta que se juntaban, fijando su vista en aquellas braguitas blancas asomando tímidamente por debajo de su ropa.
Se dió cuenta de que tenía una erección.
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Lucía recibió un comunicado por parte del conserje del centro. Tenía que presentarse ante el Jefe de Estudios en su despacho.
Y ahora se encontraba delante de aquella puerta, sin saber porque la habían mandado llamar. Pronto lo descubriría.
Llamó y sin esperar respuesta entró.
El profesor se encontraba sentado detrás de una gran mesa y la invitó a tomar asiento frente a él.
Lucía obedeció. Sentándose con las piernas juntas y las manos sobre ellas. Le puso ojitos de pena, aunque, en realidad, sonreía complacida.
-- Lucía, he notado que has faltado mucho a clase en los últimos meses. He recibido quejas de algunos de tus profesores que me comentan que presentas una actitud poco trabajadora y que distraes a tus compañeros.
Lucía mantenía la cabeza gacha mientras le escuchaba, mostrándose arrepentida. Comenzó a morderse el dedo índice de su mano. Estaba avergonzada de que la hubieran pillado. A ver qué excusa se inventaba para que sus padres no la castigaran...
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El profesor observaba sus gestos, cómo jugueteaba con sus dedos entre sus dientes, cómo se mordía los labios...
Dios, ese gesto, esa mirada.... La deseaba. Lucía se encontraba tan cerca de él que podía oler su perfume. Casi podía sentirla, tocarla...
Un instante de cordura le sacó de su fantasía y continuó hablando.
-- Sus padres llamaron hace tiempo preocupados por su actitud...
Pero Lucía tenía una solución.
Y se relajó, ya no estaba tan nerviosa. Se dejó caer en la silla, relajada.
Separó sus piernas ligeramente...
Él clavó su mirada en aquel triángulo blanco, y notó nuevamente su polla dura.
Se sacudió la cabeza.
-- Confían en el Centro y en sus profesores para que ...
Una corriente de aire frío recorrió el aula. Los pequeñas tetas de Lucía se endurecieron y sus pezones empujaron con fuerza su camiseta.
Él jadeó.
Quería follarla.
Dios.
Bajó la cabeza hacia la mesa, apoyando su frente en la mano,mareado.
Lucía se acercó a su profesor. Sonriendo.
Una descarga recorrió el cuerpo del hombre.
-- ¿Se encuentra usted bien, profesor?
-- Si, si, un pequeño mareo nada más...
No quería que diera un paso más hacia él.
No quería que viera como le tenía la polla. Pero ella se acercó más, inclinándose hacia su cuerpo. Elfino tirante de su camiseta resbaló por su hombro, haciendo que esta se escurriera unos centímetros, mostrando el comienzo de sus pechos.
Le miró a los ojos y lentamente pasó su lengua por sus labios .
-- Profesor, sé una manera de ayudarle...
Y la sonrisa de sus labios se hizo más grande.
-- Lucía eres tan bonita...
Ella hizo una mueca con la boca. Y sin dejar de mirarle se agachó despacio frente a él, y le fue desabrochando uno por uno los botones de su pantalón. Deslizó estos lentamente hacia sus pies.
Y con su eterna sonrisa palpó con sus manos el enorme bulto del hombre, que con cada caricia crecía cada vez más.
Retiró el calzoncillo dejando a vista su polla dura.
Lanzó una risita.
Despues se introdujo sus dedos en la boca, humedeciéndolos con la lengua, y comenzó a acariciar su miembro, recorriéndolo mientras con la otra mano le acariciaba las pelotas.
Lucía posó sus labios carnosos en su polla.
Él gimió cuando notó la humedad y la calidez de su boca. Se movía rítmicamente, hacia arriba y hacia abajo. Succionando y lamiendo aquella parte tan deliciosa.
El profesor la cogió del pelo y comenzó a aumentar el ritmo, mientras Lucía se la chupaba desesperada.
¡¡¡Mierda. Mierda!!!
Ya no podía más. Estaba muy excitado y ya no podía aguantar más. Se iba a correr...
-- Lucía, Lucía, siiiii....Ahhhhh....
Y la llenó con su corrida su boca.
Ella se puso en pié y se limpió el rostro con una mano, siempre con su permanente sonrisa.
El profesor miró para otro lado avergonzado. Se retiró el pelo y el sudor de la frente y resopló.
-- Joder, esto ha sido un error. No debería haber sucedido. Esto está mal, Lucía, lo siento.
Ella reía.
Siempre sonriendo.
Siempre.
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Y sus padres encantados de las notas que empezó a sacar Lucía en el instituto.