El juego continua...

El cuerpo de Jane Doe emerge de las pantanosas aguas y revelará el lado más oscuro de todo ser humano...




domingo, 29 de noviembre de 2009

Te lo merecías. (2009)




Cierro la puerta tras de mi sin mirar.
Un silencio sepulcral se cierne sobre el apartamento que dejo atrás.
Camino firme hacia la salida. Mis tacones resuenan en el portal.
Dejo caer el cuchillo que llevaba en mi mano, que al golpear contra el suelo de mármol resuena profanando el silencio de la noche,
y sonrio.

Te lo merecías.

A lo lejos escucho unas sirenas. Pronto estaré lejos de allí.

Te lo merecías.

Me repito mucho más convencida. Y mi sonrisa se tornó en una carcajada.

Recuerdo cuando nos conocimos. Fue el destino quien nos juntó. Supe entonces que estaríamos juntos siempre.
Aún puedo sentir tu cuerpo dentro del mio, tu fuerza contra mi. Tus gotas de sudor cayendo sobre mi cara y mi cuerpo. Poseyéndome, haciéndome tuya...
Recuerdo cada palabra que me dijiste como si me las acabaras de susurrar al oído.

Te deseo. Serás mia siempre. Hasta la muerte... Murmurabas mientras me follabas y te enredabas en mi pelo.

Esas palabras aún retumban en mi cabeza.

Hasta la muerte, qué ironía.

Te amaba. Habría dado la vida por tí.
Y me humillaste, me pisoteaste. Jugaste con mi razón...¡me llevaste a la locura!
Te reiste de mi.
Podía oler tu sudor mezclado con el olor de otras mujeres, verlas estremeciéndose bajo el vaivén de tu cuerpo. Notar tus músculos tensarse antes de llenarlas con tu esperma.
Día tras día, mes tras mes. Tragando una retahíla de mentiras que me iban pudriendo por dentro. Destruyéndome, envenenándome...

¡Estás loca!

Me aullabas.

!Estás loca¡¡No sabes lo que dices!

¡Claro que he enloquecido! De rabia y de dolor, de celos...
Al verte en la cama con ella. He enloquecido.
La ira ha invadido mi cuerpo. El fuego quemaba mis entrañas, y las lágrimas corrían por mi rostro antes de tocar el suelo.

Hasta la muerte. Te he repetido. Tal y como me lo habías murmurado tú, una y otra vez mientras me hacías el amor.

Hasta la muerte...

Silencio.
El silencio envuelve toda la casa.
Las frases que me repetías y que obnubilaban mi voluntad comienzan a desvanecerse, excepto una...

Hasta la muerte.

Salgo de la casa y cierro la puerta tras de mi, dejándo caer el cuchillo bañado con tu sangre.

Te lo merecías.

Y sonreí.



sábado, 28 de noviembre de 2009

El adiós (año 1996)


Eres veneno y su antídoto.
Miel dulce y amarga hiel.

Llegaste a mi vida, apoderándote de ella, haciéndome jugar a tu modo, poseyéndome...
Veía a través de tus ojos, bebía de tus labios, y vivía por tí.

Llenaste con tu sangre mis venas.

Me consumiste por dentro.

Me hiciste sufrir. Lentamente...

Cada suspiro me arrancaba de los labios tu nombre.

No había hora, ni minuto, ni segundo en que las lágrimas que derramadas por tí no me quemasen el rostro, pensando que no podía tenerte, que te alejabas de mi, dejándome sola en la cerrazón. Apartando el sol de mi vida, la luz de mis ojos...

No me queda nada.

Ya no te tengo, y nada soy sin ti.

Mi respiración se desvanece, mi corazón se detiene, y mis párpados caen sobre mis ojos.

Y por cuerpo agonizante resbalan las últimas gotas de tu sangre, veneno que me poseía.

¡Por fin no te siento! Ya no me duele tu marcha, porque ya no te quiero...
Una punzada de dolor recorrió mi cuerpo, al sentir que la última palabra que escapaba de mis labios, incapaces de mentirme, era tu nombre.

Tu nombre...
Que me devolvió por unos instantes la vida, mostrándome insolente que jamás podré olvidarte.

Y con lágrimas en los ojos dejé de sufrir. No porque ya no te quiera... sino porque he dejado de ser yo, para ser tú.