martes, 28 de abril de 2020
Un viaje de negocios
Tuve que trasladarme a aquella pequeña capital de provincia por motivos laborales. Tras varias horas conduciendo, llegué al hotel, un edificio vetusto y señorial situado a orillas del caudaloso río que cruzaba la ciudad. A pocos metros, un imponente puente de piedra erigido hace siglos me llevaba hasta el barrio amurallado.
Me instalé en una amplia y moderna habitación, dejé la maleta en el interior de un gran armario cuyas puertas de espejo devolvieron mi imagen cansada, y me tumbé en la cama. Entre los ruidos de la televisión y de las notificaciones de "wasap" ignoradas, me quedé dormida. Al día siguiente tenía que trabajar.
Finalizada mi jornada laboral, regresé al hotel para arreglarme para salir. Había rechazado la oferta para ir a cenar con unos compañeros de proyecto, cuatro frikis veinteañeros, para darme la oportunidad de conocer la ciudad con la única compañía de mi curiosidad. Me desnudé, miré en el espejo del baño los efectos de la gravedad con el paso de los años y me metí en la ducha. Dejé que el agua muy caliente recorriera mi cuerpo, dejando enrojecida a su paso la piel de mis pechos, mi vientre, mis nalgas, como si me hubieran castigado por ser una niña díscola.
Pese a ser octubre y refrescar, decidí ponerme un vestido corto, negro, con pequeñas flores rojas que me daba un aspecto algo juvenil. Me subí una media con cuidado hasta el muslo, después la otra "¡Sin hacerme ninguna carrera, soy una máquina!" pensé. Botas, cazadora de cuero y labios rojos. ¡Siempre seré una gloria rockera!
Caminé sin rumbo por las calles empedradas de la ciudad, perdiéndome por aquellos lugares con encanto. Cené de pie en la barra de un bar, con una cerveza en la mano y continué deambulando hasta que, al doblar una esquina, descubrí un pequeña sala de música en directo. Tocaba un grupo de rock sureño de Bilbao, que mantenía a los parroquianos bailando y cantando enloquecidos. Me situé el fondo de la barra, y pedí una cerveza. "En botella, por favor. Me gusta beber a morro…"
Disfruté del espectáculo, me dejé llevar por el ritmo de aquellos músicos impresionantes, y disfruté también del desfile de hombres que se presentaban ante mí, sola en aquel lugar, e intentaban de manera infructuosa alcanzar algo más que una conversación trivial acerca de qué hacía una mujer como yo, en un sitio como ese…
Hacía un rato que me había fijado en él, justo al otro lado de la barra. Moreno, barba espesa y cuidada, más cercano al medio siglo que a la treintena. Bebía whisky con hielo lentamente, apurando cada trago. No podía quitar la vista de sus labios, y de sus manos acariciando ese vaso…
Alzó la mirada y la cruzó con la mía. La retiró turbado, pero la curiosidad le pudo más. Volvió a subirla y se encontró de nuevo con mis ojos fijos en él.
Al cabo de un rato de jugar con las miradas, y como presa de un hechizo, cogió su bebida y se situó frente a mí. Su cuerpo se me antojó demasiado cercano al mío para ser dos desconocidos. Pedimos otra ronda. Me sugirió que le acompañara afuera a fumar. Accedí.
Le observé fumar. La manera que tenía de exhalar el humo entre sus labios me resultaba terriblemente hipnótica. Y no recuerdo cómo pasó, pero sin darme cuenta estabamos comiéndonos la boca en plena calle. Su cuerpo contra el mío, el mío contra la pared del local. Nuestras lenguas jugando, mientras nuestros cuerpos (más el suyo que el mío) evidenciaban el deseo que sentíamos. Su mano, aventurera, realizó una incursión debajo de mi falda, y sonrió al descubrir que mis medias no le impedían acceder libremente a mi sexo, que a esas alturas ya estaba totalmente mojado.
El camino hacia el hotel hizo subir la temperatura entre nosotros. Cualquier callejón solitario y oscuro era un buen lugar para comernos a besos, para que sus manos acariciaran mis pechos por debajo del vestido, para sentir su polla dura apretada contra mi vientre.
Atravesamos la recepción del hotel riendo nerviosos como unos adolescentes, a pesar de que hacía décadas que habíamos dejado esa etapa atrás. La entrada a la habitación era un camino de abrigos, zapatos y calcetines tirados torpemente por el suelo, acuciados por el deseo que sentíamos.
Le conduje hasta los pies de la cama, tirando de él sin separar un milímetro nuestras bocas sedientas. Busqué a tientas bajo su pantalón su polla dura, mojada y comencé a manosearla con avidez deseando acabar pronto con todo aquel protocolo y que me follara de una vez.
Su idea no era esa. Asió mi rostro entre sus manos, y separó delicadamente nuestras bocas. Me miró a los ojos y me susurró algo que no entendí dándome un suave beso en los labios. Acto seguido me empujó hacia abajo, poniéndome de rodillas frente a su sexo que se erguía firme frente a mi. Con una mano aún sujetándome la cabeza, empezó a acariciarme la cara con suavidad, recorrió mis labios con la punta de sus dedos. Abrió mi boca e introdujo su dedo índice, el cual chupé obedientemente… lo mismo hice cuando introdujo otro… o varios a la vez. Sacaba su mano de mi boca, húmeda con mi saliva que extendía sobre mi cara.
Me volvió a agarrar la cara con las dos manos y me guió hasta su polla "¡Cómetela!". Comencé a lamerla lentamente, recorriendo toda su longitud con mi lengua, dibujando sus venas, saboreando cada centímetro. Con una mano me ayudaba a acariciarle, acompañando con ella los movimientos de mi boca.
Entonces él me sujetó firmemente y, sin más preámbulo, hundió su polla en mi boca, con fuerza, hasta el fondo, impidiéndome respirar hasta que me provocaba una arcada, solo entonces rebajaba la tensión y me dejaba tomar aire. Repetía una y otra vez, cada vez con más intensidad. Yo disfrutaba viendo su cara de cabrón mientras me sometía a esa tortura. En el fondo, el que estaba subyugado al deseo que le provocaba era él.
Detuvo aquel juego ante la inminencia de correrse en mi boca, y sin soltar mi rostro de entre sus manos escupió en mi boca. Me levantó del suelo. Nuestros labios volvieron a fundirse en un beso profundo, ansioso. Sus manos recorrieron mi torso, dibujaron mi cintura, se aferraron a mi cadera y con un movimiento firme me giró, colocándome frente al gran espejo del armario, subió mi falda sobre mi cintura y apartó hacia un lado mis bragas de encaje negro… observó mis nalgas desnudas, expuestas, las acarició con devoción antes de darme un cachete y un beso. Repitió la acción una vez más, dejando las marcas de sus dedos sobre mi culo. Se agachó detrás de mí para recorrer mi sexo su lengua. Dibujó mil formas sobre mi clítoris mientras sus dedos hábiles acompañaban sus movimientos, hasta llevarme al orgasmo.
No había terminado de correrme cuando me penetró. Aún sentía las oleadas de placer cuando noté su polla abriéndose paso dentro de mí. Sus embestidas, al principio lentas y profundas, dieron paso a otras más desesperadas y rápidas.
Me agarró del pelo para subir mi cabeza. Quería que viera lo que él veía. Sus ojos se clavaron en los míos a través del reflejo del espejo mientras me follaba sin dejar de mirarme. Sin dejar de admirar mi cuerpo medio desnudo, abandonado al vaivén de sus embestidas.
Me excitaba aquella visión de dos cuerpos entregados al placer, tanto que mis dedos recorrieron mi vientre hasta llegar a mi coño mojado, y comencé a moverlos suave y rítmicamente hasta encontrar de nuevo el éxtasis, mientras él cachondo y agotado, respiraba agitadamente sobre mi espalda. Entre embestidas y cachetes en mis nalgas terminó derramándose dentro de mí, dejándose caer sobre mi cuerpo, como si de un Sansón se tratara, jadeando, sin fuerza.
Permanecimos así durante un largo rato. Acompasando nuestras respiraciones hasta que recuperamos las ganas de movernos hasta la cama.
Allí él me abrazó y me besó en la frente.
-¡Feliz aniversario cariño! Eres increíble, lo sabes ¿verdad?
Miss Atomic.
martes, 20 de noviembre de 2018
Durante años te soñé. Cada vez que te veía imaginaba cómo sería sentir tu cuerpo fundido con el mío. Cada día...
Me perdía en tu mirada e intentaba averiguar si me veía reflejada en tus ojos.
Tardé mucho tiempo en ver que tú sentías el mismo fuego que yo, que querías enredarte entre mis piernas del mismo modo que yo deseaba hundirme bajo tu espalda.
Pasamos por momentos en los que nada nos importaba mientras estuviesemos cogidos de la mano.
La pasión nos invadía y cualquier rincón era perfecto para dar alas a nuestro deseo...
Estar cerca el uno del otro era la mejor excusa para calmar la agonia y avivar el deseo.
Buscaba tus ojos entre los de la gente y al encontrarlos sentía que entre nosotros se encontraba el secreto del amor prohibido e imposible, de lo inolvidable.
Cada día te buscaba, sin importarme nada.
Ni el presente ni el futuro...
Puedo recitar cada palabra que me dijiste, recordarte en cada gesto
Con cada caricia, sonrisa o beso bajabas mi guardia
Desgastaste mi coraza
Yo, que en amor no creía, que a la pasión había renunciado,
Expuesta, atemorizada comencé a dejarme llevar por tu deseo
Siempre temiendo que esto pasara.
Siempre me quedará la duda de qué fue lo que te alejó de mi,
Qué hice tan mal
Me perdía en tu mirada e intentaba averiguar si me veía reflejada en tus ojos.
Tardé mucho tiempo en ver que tú sentías el mismo fuego que yo, que querías enredarte entre mis piernas del mismo modo que yo deseaba hundirme bajo tu espalda.
Pasamos por momentos en los que nada nos importaba mientras estuviesemos cogidos de la mano.
La pasión nos invadía y cualquier rincón era perfecto para dar alas a nuestro deseo...
Estar cerca el uno del otro era la mejor excusa para calmar la agonia y avivar el deseo.
Buscaba tus ojos entre los de la gente y al encontrarlos sentía que entre nosotros se encontraba el secreto del amor prohibido e imposible, de lo inolvidable.
Cada día te buscaba, sin importarme nada.
Ni el presente ni el futuro...
Puedo recitar cada palabra que me dijiste, recordarte en cada gesto
Con cada caricia, sonrisa o beso bajabas mi guardia
Desgastaste mi coraza
Yo, que en amor no creía, que a la pasión había renunciado,
Expuesta, atemorizada comencé a dejarme llevar por tu deseo
Pero un dia te, busqué y ya no estabas.
Tanto tiempo deseando tu cuerpo que tan poco pasó entre mis manos...
Ya no podía reflejarme en tu mirada cada día,
Sólo me quedaba esperar...
Algún mensaje tuyo
Alguna cita furtiva
Pero cada vez te sentía mas distante
Y yo cada día más dolida
Y sentí que mi corazón se desplomaba,
y sentí rabiaY sentí que mi corazón se desplomaba,
Siempre temiendo que esto pasara.
Siempre me quedará la duda de qué fue lo que te alejó de mi,
Qué hice tan mal
jueves, 10 de noviembre de 2011
Mmm... ¿No os encanta la tensión sexual? Es encontrarte con él/ella y empezar a decir tonterías que te avergüenzan, soltar risitas nerviosas y, sobre todo, bajar la mirada rápidamente cuando vuestros ojos se cruzan, pensando que en tu rostro se puede leer claramente "quiero follarte"... y cuando os despedís hasta la próxima, alejarte sintiendo que él/ella te desea de la misma manera... Pero, ¡mierda! ¿No os jode cuando esa tensión sexual se relaja, se disipa con el tiempo sin haber podido dar rienda suelta a tanto deseo? Es frustrante ver cómo el corazón deja de latir con fuerza cuando ves a esa persona y ya no retiras la mirada cuando vuestros ojos se encuentran... ¿Por qué no diste ese paso? ¿Por qué no le tomaste de la mano y os dejásteis llevar?
sábado, 1 de enero de 2011
Un día más en el trabajo
Como cada día al entrar al edificio donde trabaja, Amanda fija su mirada en él. Ahí está como siempre, de pie en el vestíbulo de las oficinas.Él le devuelve la mirada. Le sujeta la puerta de cristal a su paso aunque ese no es sea su deber, y roza ¿sin querer? su mano. Amanda se estremece al notar el contacto de su piel, hay algo en ese hombre que la excita. Quizá sea el uniforme, siempre la gustaron los uniformes. O puede que sean que sus ojos verdes que la miran con deseo cada día cuando entra a trabajar...
Pero como cada día, tras un breve saludo cordial, Amanda coje el ascensor hasta la planta donde está su despacho y no vuelve a hablar con él hasta que finaliza su jornada, que vuelve a cruzar el rellano del edificio y él le vuelve a abrir educadamente la puerta. Con un poco de suerte mantendrán una animada charla superficial interrumpida por todas las personas que terminan su horario de trabajo y quieren salir cuanto antes del edificio. Y con más fortuna todavía sus manos volverán a rozarse en un gesto aparentemente inocente, pero lleno de intención, y después se cruzarán una última mirada mientras Amanda cruza el umbral de la puerta.
Pero hoy no es como cada día. El papeleo se le ha acumulado sobre la mesa y no le queda más remedio que quedarse en la oficina hasta terminarlo. A las siete de la tarde comienza la retirada en masa de los empleados a sus casas, mientras tanto, escondida en su oficina, Amanda no levantaba la vista de la pantalla del ordenador.
Ha caído la noche y sólo cuatro gatos permanecen en el edificio. Los pasillos y los despachos se encuentran apenas iluminados por las luces de emergencia y por pantallas de ordenador sin apagar, salvo los que aún tienen gente, de los que sale luz intensa a través de las rendijas de las puertas y se oye a sus inquilinos teclear salvajemente como si así fueran a volver a su casa antes...
Amanda tramitó su ultimo papel y suspiró aliviada. Apagó la computadora con prisa y recogió su bolso de un cajón de su mesa. Pulsó varias veces el botón del ascensor mientras comprobaba la agenda en su teléfono móvil hasta que la puerta metálica se abrió perezosamente y se introdujo en su interior.
Al llegar a la planta baja las luces del vestíbulo estaban apagadas y las puertas cerradas. El conserje ya había terminado su jornada, y la planta se encontraba vacía. Amanda se dirigió hacia el mostrador de recepción. Justo detrás hacia un pequeño despacho débilmente iluminado donde imaginaba que estaría un vigilante para que le abriera la puerta.
Se acercó tímidamente al marco de la puerta y ellí estaba él. Sentado ante unas pantallas desde las que se podían observar las imágenes que grababan las cámaras de seguridad. De repente su corazón se aceleró y se sintió algo avergonzada de estar allí, aun así, tenía que salir del edificio para volver a su casa, asi que respiró, se armó con su mejor sonrisa y golpeó suavemente la puerta entreabierta con los nudillos.
Él se giró, y al verla se puso en pie apresuradamente. También dibujó una gran sonrisa y sus ojos se iluminaron ya que no esperaba tal sorpresa a esas horas. Se dirigió hacia ella y la inquirió con la mirada. Amanda le explicó que se había quedado hasta tarde terminando un informe, y que fue a salir del edificio las puertas se encontraban ya cerradas.
Él volvió tras sus pasos y cogió un gran manojo de llaves. Amanda se pegó a la pared dejándole paso. El pasó bajo el umbral de la puerta tan cerca de ella que pudo notar su perfume. Se miraron fíjamente durante unos segundos que parecieron eternos hasta que ella bajó la mirada. No quería que se le notara en los ojos que le deseaba. Él debió pensar lo mismo, porque también retiró la mirada hacia el llavero que tenía en sus manos.
Ambos alargaron deliberadamente ese momento, sabían que una vez salieran al rellano todo volvería a ser como cada día, un poco de conversación trivial quizás un pequeño apretón en un brazo buscando el contacto del otro, pero nada más. Amanda siguió apoyada en la pared mientras el vigilante avanzaba lentamente hacia la salida, no se movió sino que le observó cómo se alejaba, fijando su mirada en su nuca, su cuello, su espalda... Notó como comenzaba a excitarse y se mordió el labio. Él se dio cuenta y fingió haberse confundido de llavero para tener la excusa para volver donde se encontraba la mujer. Llegó hasta la puerta de su cuarto, justo donde se estaba Amanda, pero esta vez no se apartó para dejar paso al vigilante, sino que, disimulando, se quedó en medio para obligarle a pasar cerca de ella.
No le quedó otra opción que tratar de pasar por el espacio que le había dejado Amanda, claramente insuficiente, por lo que sus cuerpos tropezaron. Ambos se miraron, y sin ninguna duda, vieron el deseo en los ojos del otro.
Él tomó la iniciativa y sin dirigirla la palabra la sujetó de la cara con su mano y la besó. No fue un beso tímido ni delicado. Fue un beso dado con ansia, incluso con rabia. Tiró el llavero al suelo y la agarró fuertemente con ambas manos, buscó su rostro, su pelo en el que se enredó, su cuello mientras presionaba sus labios contra los de la mujer, obligándola a abrir más su boca, buscando su lengua.
Amanda se sorprendió cuando él se lanzó sobre ella, pese al deseo que creía que él sentía por ella, no pensó que fuera a materializarse nunca, por lo que al principio reaccionó de manera fría. Pero pronto se dejó llevar... Notaba la presión que ejercía la boca del hombre sobre sus labios, obligándola a abrirlos, metiendo su lengua y eso le gustaba. La agarró con fuerza del pelo, enredándolo en sus manos mientras la besaba, y se acercó más, pegando con fuerza su cuerpo al de ella. Amanda notó la presión que él ejercía sobre su cuerpo, y soltó un gemido de excitación cuando sintió su erección empujando sobre su vientre.
Tiró su bolso y los papeles que tenía en la mano y le agarró de la nuca, arrastrando sus manos a lo largo de su espalda hasta el final, donde clavó sus uñas y atrajo más hacia sí el cuerpo del hombre y sentir aun más su polla presionando contra su pubis.
Él comenzó a besarla por el cuello y el escote, acompañando sus labios con sus manos hasta llegar a los pechos de Amanda, los que acarició suavemente por encima de la ropa antes de subirle la blusa para descubrirlos. Eran perfectos, ni grandes ni pequeños, redondos y vestidos con un sostén negro. Los besó y recorrió lentamente con su lengua, le quitó el sujetador y siguió su húmedo recorrido por los pezones, donde se detuvo para dibujarlos suavemente. Amanda se estremeció entre sus brazos y apretó la cabeza del vigilante contra su pecho.
En ese momento Amanda tomó la iniciativa desabrochandole la camisa del uniforme, recorriendo lentamente con sus dedos su torso. Tenía varios tatuajes alrededor del cuerpo que iba descubriendo a medida que iba despojándole de la ropa. Le gustaba lo que estaba descubriendo. Se agachó frente al él, mirándole a los ojos mientras le desabrochaba el cinturón. Abrió la cremallera del pantalón y buscó en su interior. Pronto vio lo que andaba buscando: su polla. Dura, gorda, perfecta... Volvió a mirarle a los ojos, y le sonrió. Él la miraba excitado, sabía lo que iba a pasar y eso le ponía más, sobre todo al ver cómo Amanda se mordía lascivamente los labios. Cerró los ojos un segundo, tiempo suficiente para que ella acercara sus labios al miembro del hombre. Jugueteando con su lengua al principio para, posteriormente, introducirsela en la boca poco a poco, subiendo y bajando la cabeza rítmicamente, recorriendo su polla, jugueteando con ella.
Él no quería terminar tan pronto en su boca, por lo que la puso en pie, de nuevo contra la puerta, y la metió mano por debajo de la falda. Amanda gimió. Él la levantó por las caderas mientras buscaba de nuevo sus labios con su boca. Cogida por el vigilante, este la introdujo en brazos en el interior del cuarto de seguridad, tumbándola sobre la mesa del ordenador que apartó de un manotazo. Tenía la blusa abierta y la falda subida por la cintura mostrando una minúsculas braquitas negras que él quitó con destreza. Se echó sobre ella para besarla, dejando caer el peso de su cuerpo sobre el de Amanda que enroscó sus piernas alrededor de la cintura del hombre y comenzó a moverse rozando su polla con su sexo quien no aguantó más los movimientos de Amanda y decidió que era el momento de follársela.
Amanda sintió como el miembro del vigilante se hacía paso a través de su sexo, llenándola. Necesitaba sentirle dentro, notar su polla en su interior, sus embestidas y su cálido aliento sobre su rostro. Ahora era ella quien le agarraba del pelo, elevándole la cabeza obligandole a mirarla a los ojos. Le encantaba ver los ojos de deseo de ese hombre, sobre todo ahora que la estaba poseyendo. De vez en cuando, Amanda dejaba caer la cabeza hacia atrás, arqueando la espalda, gimiendo, pero volvía a levantarla para seguir mirandole, no quería perderse su cara cuando llegara al orgasmo.
Este no tardó en llegar. El hombre comenzó a embestirla rápidamente y su respiración se entrecortaba cada vez mas hasta que llegó al clímax, y permaneció varios segundos en el interior de Amanda.
Amanda sabía que él estaba a punto de correrse cuando sus embestidas fueron cada vez más rápidas, hasta que lanzó un gruñido y empujó su polla muy dentro de ella. Sintió como su semen caliente la llenaba.
Entonces él se derrumbó sudoroso sobre ella y se abrazaron, aunque esta vez sí, los besos fueron suaves caricias en los labios. Así permanecieron un largo rato, hasta que un ruido producido por alguno de los trabajadores que aun quedaban en el edificio les alarmó. Comenzaron a vestirse disgustados por la posibilidad de que alguien bajara y los descubriera.
Amanda se abrochó el último botón de la blusa, se colocó un poco el pelo con las manos y recogió su bolso del suelo. Del mismo modo, el vigilante cogió su juego de llaves que había tirado, y juntos salieron del cuarto de seguridad atravesando el hall en dirección a la salida. Allí él la abrió la puerta como siempre, aunque no fuese su deber, y ella, como siempre le dijo adiós educadamente y le miró a los ojos, sonriendo. Él la sostuvo la mirada durante largo rato mientras ella salía y, ¿sin querer? se rozaron sus manos al despedirse.
Amanda se abrochó el último botón de la blusa, se colocó un poco el pelo con las manos y recogió su bolso del suelo. Del mismo modo, el vigilante cogió su juego de llaves que había tirado, y juntos salieron del cuarto de seguridad atravesando el hall en dirección a la salida. Allí él la abrió la puerta como siempre, aunque no fuese su deber, y ella, como siempre le dijo adiós educadamente y le miró a los ojos, sonriendo. Él la sostuvo la mirada durante largo rato mientras ella salía y, ¿sin querer? se rozaron sus manos al despedirse.
martes, 22 de diciembre de 2009
El baile (2009)
En su cabeza sonaba aquella triste melodía, que le invitaba a acercarse a ella, a acogerla entre sus brazos, a calmar su miedo. La veía tan frágil.
Caminó lentamente hacia ella, aproximándose por su espalda, y al llegar a su altura la asió de las manos.
Ella se giró lentamente, agitando levemente el aire a su alrededor, lo que hizo llegar su perfume hasta él, y le miró con los ojos envueltos en lágrimas.
Trató de decirle algo, pero él le cubrió los labios con su mano.
Juntaron sus cuerpos, que se movían al unísono en el anonimato de la noche, mientras continuaba resonando esa melancólica canción.
El cuerpo de la mujer se estremecía entre sus brazos, notaba como temblaba con sus caricias.
Ella le miró fijamente con sus grandes y brillantes ojos negros cuando él le acarició el rostro y el cabello con sus dedos.
Mientras durara aquel baile era sólo suya...
Durante el tiempo que estuvieron abrazados notó como temblaba.
Era tan bella, y tan frágil.
Sus manos bajaron suavemente los brazos de la mujer y recorrieron su espalda lentamente, provocando un jadeo casi imperceptible.
Sus cuerpos se acompasaban al ritmo de aquella música.
Sus dedos acariciaron el pecho de la mujer, su vientre y subieron hasta llegar a su cuello.
Fino y suave.
Seguían bailando al son de la melodía.
Su momento estaba a punto de acabar, el baile iba a concluir.
-----------------
Cerró los ojos fuertemente para que no le cayeran las lágrimas, irritado por lo efímero que había sido su encuentro y apretó firmemente sus manos alrededor del cuello de la mujer.
Ella le miraba fijamente con aquellos ojos acusadores y llenos de miedo.
Él sólamente quería mantener aquel baile vivo para siempre. Conservar aquel momento.
Sintió cómo la vida de la mujer se le escapaba poco a poco mientras ella luchaba por zafarse de entre sus brazos.
Se sentía conmovido por aquella mujer. A medida que sus manos apretaban su cuello, débil y quebradizo, sintiendo cómo sus lentamente decaían sus fuerzas hasta que éstas por fin abandonaron su voluntad.
Su cuerpo exhaló su último aliento entre los brazos de aquel hombre, que la abrazó.
Siempre odiaba aquel momento, el momento en el que la danza finalizaba y su compañera de baile le abandonaba. Otra vez.
Vió cómo la mujer seguía mirándole con desprecio desde sus ojos sin vida, y se obligó a cerrar los parpados de sus ojos delatores antes de depositarla sobre el húmedo suelo.
La melodía de su cabeza había terminado. El baile había acabado.
Caminó lentamente hacia ella, aproximándose por su espalda, y al llegar a su altura la asió de las manos.
Ella se giró lentamente, agitando levemente el aire a su alrededor, lo que hizo llegar su perfume hasta él, y le miró con los ojos envueltos en lágrimas.
Trató de decirle algo, pero él le cubrió los labios con su mano.
Shhhh, no digas nada, no hace falta... Lo sé.
Juntaron sus cuerpos, que se movían al unísono en el anonimato de la noche, mientras continuaba resonando esa melancólica canción.
El cuerpo de la mujer se estremecía entre sus brazos, notaba como temblaba con sus caricias.
Ella le miró fijamente con sus grandes y brillantes ojos negros cuando él le acarició el rostro y el cabello con sus dedos.
Mientras durara aquel baile era sólo suya...
Durante el tiempo que estuvieron abrazados notó como temblaba.
Era tan bella, y tan frágil.
Sus manos bajaron suavemente los brazos de la mujer y recorrieron su espalda lentamente, provocando un jadeo casi imperceptible.
Sus cuerpos se acompasaban al ritmo de aquella música.
Sus dedos acariciaron el pecho de la mujer, su vientre y subieron hasta llegar a su cuello.
Fino y suave.
Seguían bailando al son de la melodía.
Su momento estaba a punto de acabar, el baile iba a concluir.
-----------------
Cerró los ojos fuertemente para que no le cayeran las lágrimas, irritado por lo efímero que había sido su encuentro y apretó firmemente sus manos alrededor del cuello de la mujer.
Ella le miraba fijamente con aquellos ojos acusadores y llenos de miedo.
Él sólamente quería mantener aquel baile vivo para siempre. Conservar aquel momento.
Sintió cómo la vida de la mujer se le escapaba poco a poco mientras ella luchaba por zafarse de entre sus brazos.
Se sentía conmovido por aquella mujer. A medida que sus manos apretaban su cuello, débil y quebradizo, sintiendo cómo sus lentamente decaían sus fuerzas hasta que éstas por fin abandonaron su voluntad.
Su cuerpo exhaló su último aliento entre los brazos de aquel hombre, que la abrazó.
Siempre odiaba aquel momento, el momento en el que la danza finalizaba y su compañera de baile le abandonaba. Otra vez.
Vió cómo la mujer seguía mirándole con desprecio desde sus ojos sin vida, y se obligó a cerrar los parpados de sus ojos delatores antes de depositarla sobre el húmedo suelo.
La melodía de su cabeza había terminado. El baile había acabado.
domingo, 6 de diciembre de 2009
Lucía (año 1998)
El profesor la llamó a su depacho.
Tengo que comunicar este suceso a sus padres.
Llevaba mes y medio sin acudir a sus clases y sus notas habían dado un espectacular giro hacia abajo.
Con lo buena estudiante que era....
Esta mañana había pillado a Lucía haciendo novillos en un parque.
........................
Se encontraba tumbada en el césped cuando la sorprendió. Iba vestida con una camiseta blanca de tirantes y una falda azul muy corta, que se subía por sus pálidas piernas, mostrando ligeramente unas braguitas blancas.
Su pelo enmarcaba su rostro, y sus labios jugosos se encontraban entreabiertos, dejando entrever en ocasiones una pícara sonrisa.
Se la veía tan vulnerable y frágil... Se imaginó recorriendo aquel cuerpecito con sus manos..
¡Quítate esa idea de la cabeza! Lucía es alumna mía. Debo poner cartas en el asunto. Luego hablaré con ella.
Suspiró y regresó al colegio. Había recorrido con la mirada esas piernas de adolescente hasta que se juntaban, fijando su vista en aquellas braguitas blancas asomando tímidamente por debajo de su ropa.
Se dió cuenta de que tenía una erección.
......................
Lucía recibió un comunicado por parte del conserje del centro. Tenía que presentarse ante el Jefe de Estudios en su despacho.
Y ahora se encontraba delante de aquella puerta, sin saber porque la habían mandado llamar. Pronto lo descubriría.
Llamó y sin esperar respuesta entró.
El profesor se encontraba sentado detrás de una gran mesa y la invitó a tomar asiento frente a él.
Lucía obedeció. Sentándose con las piernas juntas y las manos sobre ellas. Le puso ojitos de pena, aunque, en realidad, sonreía complacida.
Lucía mantenía la cabeza gacha mientras le escuchaba, mostrándose arrepentida. Comenzó a morderse el dedo índice de su mano. Estaba avergonzada de que la hubieran pillado. A ver qué excusa se inventaba para que sus padres no la castigaran...
.......................
El profesor observaba sus gestos, cómo jugueteaba con sus dedos entre sus dientes, cómo se mordía los labios...
Dios, ese gesto, esa mirada.... La deseaba. Lucía se encontraba tan cerca de él que podía oler su perfume. Casi podía sentirla, tocarla...
Un instante de cordura le sacó de su fantasía y continuó hablando.
Pero Lucía tenía una solución.
Y se relajó, ya no estaba tan nerviosa. Se dejó caer en la silla, relajada.
Separó sus piernas ligeramente...
Él clavó su mirada en aquel triángulo blanco, y notó nuevamente su polla dura.
Se sacudió la cabeza.
Una corriente de aire frío recorrió el aula. Los pequeñas tetas de Lucía se endurecieron y sus pezones empujaron con fuerza su camiseta.
Él jadeó.
Quería follarla.
Dios.
Bajó la cabeza hacia la mesa, apoyando su frente en la mano,mareado.
Lucía se acercó a su profesor. Sonriendo.
Una descarga recorrió el cuerpo del hombre.
No quería que diera un paso más hacia él.
No quería que viera como le tenía la polla. Pero ella se acercó más, inclinándose hacia su cuerpo. Elfino tirante de su camiseta resbaló por su hombro, haciendo que esta se escurriera unos centímetros, mostrando el comienzo de sus pechos.
Le miró a los ojos y lentamente pasó su lengua por sus labios .
Y la sonrisa de sus labios se hizo más grande.
Ella hizo una mueca con la boca. Y sin dejar de mirarle se agachó despacio frente a él, y le fue desabrochando uno por uno los botones de su pantalón. Deslizó estos lentamente hacia sus pies.
Y con su eterna sonrisa palpó con sus manos el enorme bulto del hombre, que con cada caricia crecía cada vez más.
Retiró el calzoncillo dejando a vista su polla dura.
Lanzó una risita.
Despues se introdujo sus dedos en la boca, humedeciéndolos con la lengua, y comenzó a acariciar su miembro, recorriéndolo mientras con la otra mano le acariciaba las pelotas.
Lucía posó sus labios carnosos en su polla.
Él gimió cuando notó la humedad y la calidez de su boca. Se movía rítmicamente, hacia arriba y hacia abajo. Succionando y lamiendo aquella parte tan deliciosa.
El profesor la cogió del pelo y comenzó a aumentar el ritmo, mientras Lucía se la chupaba desesperada.
¡¡¡Mierda. Mierda!!!
Ya no podía más. Estaba muy excitado y ya no podía aguantar más. Se iba a correr...
Y la llenó con su corrida su boca.
Ella se puso en pié y se limpió el rostro con una mano, siempre con su permanente sonrisa.
El profesor miró para otro lado avergonzado. Se retiró el pelo y el sudor de la frente y resopló.
Ella reía.
Siempre sonriendo.
Siempre.
.........................
Y sus padres encantados de las notas que empezó a sacar Lucía en el instituto.
Tengo que comunicar este suceso a sus padres.
Llevaba mes y medio sin acudir a sus clases y sus notas habían dado un espectacular giro hacia abajo.
Con lo buena estudiante que era....
Esta mañana había pillado a Lucía haciendo novillos en un parque.
........................
Se encontraba tumbada en el césped cuando la sorprendió. Iba vestida con una camiseta blanca de tirantes y una falda azul muy corta, que se subía por sus pálidas piernas, mostrando ligeramente unas braguitas blancas.
Su pelo enmarcaba su rostro, y sus labios jugosos se encontraban entreabiertos, dejando entrever en ocasiones una pícara sonrisa.
Se la veía tan vulnerable y frágil... Se imaginó recorriendo aquel cuerpecito con sus manos..
¡Quítate esa idea de la cabeza! Lucía es alumna mía. Debo poner cartas en el asunto. Luego hablaré con ella.
Suspiró y regresó al colegio. Había recorrido con la mirada esas piernas de adolescente hasta que se juntaban, fijando su vista en aquellas braguitas blancas asomando tímidamente por debajo de su ropa.
Se dió cuenta de que tenía una erección.
......................
Lucía recibió un comunicado por parte del conserje del centro. Tenía que presentarse ante el Jefe de Estudios en su despacho.
Y ahora se encontraba delante de aquella puerta, sin saber porque la habían mandado llamar. Pronto lo descubriría.
Llamó y sin esperar respuesta entró.
El profesor se encontraba sentado detrás de una gran mesa y la invitó a tomar asiento frente a él.
Lucía obedeció. Sentándose con las piernas juntas y las manos sobre ellas. Le puso ojitos de pena, aunque, en realidad, sonreía complacida.
-- Lucía, he notado que has faltado mucho a clase en los últimos meses. He recibido quejas de algunos de tus profesores que me comentan que presentas una actitud poco trabajadora y que distraes a tus compañeros.
Lucía mantenía la cabeza gacha mientras le escuchaba, mostrándose arrepentida. Comenzó a morderse el dedo índice de su mano. Estaba avergonzada de que la hubieran pillado. A ver qué excusa se inventaba para que sus padres no la castigaran...
.......................
El profesor observaba sus gestos, cómo jugueteaba con sus dedos entre sus dientes, cómo se mordía los labios...
Dios, ese gesto, esa mirada.... La deseaba. Lucía se encontraba tan cerca de él que podía oler su perfume. Casi podía sentirla, tocarla...
Un instante de cordura le sacó de su fantasía y continuó hablando.
-- Sus padres llamaron hace tiempo preocupados por su actitud...
Pero Lucía tenía una solución.
Y se relajó, ya no estaba tan nerviosa. Se dejó caer en la silla, relajada.
Separó sus piernas ligeramente...
Él clavó su mirada en aquel triángulo blanco, y notó nuevamente su polla dura.
Se sacudió la cabeza.
-- Confían en el Centro y en sus profesores para que ...
Una corriente de aire frío recorrió el aula. Los pequeñas tetas de Lucía se endurecieron y sus pezones empujaron con fuerza su camiseta.
Él jadeó.
Quería follarla.
Dios.
Bajó la cabeza hacia la mesa, apoyando su frente en la mano,mareado.
Lucía se acercó a su profesor. Sonriendo.
Una descarga recorrió el cuerpo del hombre.
-- ¿Se encuentra usted bien, profesor?
-- Si, si, un pequeño mareo nada más...
No quería que diera un paso más hacia él.
No quería que viera como le tenía la polla. Pero ella se acercó más, inclinándose hacia su cuerpo. Elfino tirante de su camiseta resbaló por su hombro, haciendo que esta se escurriera unos centímetros, mostrando el comienzo de sus pechos.
Le miró a los ojos y lentamente pasó su lengua por sus labios .
-- Profesor, sé una manera de ayudarle...
Y la sonrisa de sus labios se hizo más grande.
-- Lucía eres tan bonita...
Ella hizo una mueca con la boca. Y sin dejar de mirarle se agachó despacio frente a él, y le fue desabrochando uno por uno los botones de su pantalón. Deslizó estos lentamente hacia sus pies.
Y con su eterna sonrisa palpó con sus manos el enorme bulto del hombre, que con cada caricia crecía cada vez más.
Retiró el calzoncillo dejando a vista su polla dura.
Lanzó una risita.
Despues se introdujo sus dedos en la boca, humedeciéndolos con la lengua, y comenzó a acariciar su miembro, recorriéndolo mientras con la otra mano le acariciaba las pelotas.
Lucía posó sus labios carnosos en su polla.
Él gimió cuando notó la humedad y la calidez de su boca. Se movía rítmicamente, hacia arriba y hacia abajo. Succionando y lamiendo aquella parte tan deliciosa.
El profesor la cogió del pelo y comenzó a aumentar el ritmo, mientras Lucía se la chupaba desesperada.
¡¡¡Mierda. Mierda!!!
Ya no podía más. Estaba muy excitado y ya no podía aguantar más. Se iba a correr...
-- Lucía, Lucía, siiiii....Ahhhhh....
Y la llenó con su corrida su boca.
Ella se puso en pié y se limpió el rostro con una mano, siempre con su permanente sonrisa.
El profesor miró para otro lado avergonzado. Se retiró el pelo y el sudor de la frente y resopló.
-- Joder, esto ha sido un error. No debería haber sucedido. Esto está mal, Lucía, lo siento.
Ella reía.
Siempre sonriendo.
Siempre.
.........................
Y sus padres encantados de las notas que empezó a sacar Lucía en el instituto.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Te lo merecías. (2009)

Cierro la puerta tras de mi sin mirar.
Un silencio sepulcral se cierne sobre el apartamento que dejo atrás.
Camino firme hacia la salida. Mis tacones resuenan en el portal.
Dejo caer el cuchillo que llevaba en mi mano, que al golpear contra el suelo de mármol resuena profanando el silencio de la noche,
y sonrio.
Te lo merecías.
A lo lejos escucho unas sirenas. Pronto estaré lejos de allí.
Esas palabras aún retumban en mi cabeza.
Hasta la muerte, qué ironía.
Te amaba. Habría dado la vida por tí.
Y me humillaste, me pisoteaste. Jugaste con mi razón...¡me llevaste a la locura!
Te reiste de mi.
Podía oler tu sudor mezclado con el olor de otras mujeres, verlas estremeciéndose bajo el vaivén de tu cuerpo. Notar tus músculos tensarse antes de llenarlas con tu esperma.
Día tras día, mes tras mes. Tragando una retahíla de mentiras que me iban pudriendo por dentro. Destruyéndome, envenenándome...
¡Estás loca!
Me aullabas.
!Estás loca¡¡No sabes lo que dices!
¡Claro que he enloquecido! De rabia y de dolor, de celos...
Al verte en la cama con ella. He enloquecido.
La ira ha invadido mi cuerpo. El fuego quemaba mis entrañas, y las lágrimas corrían por mi rostro antes de tocar el suelo.
Hasta la muerte. Te he repetido. Tal y como me lo habías murmurado tú, una y otra vez mientras me hacías el amor.
Hasta la muerte...
Las frases que me repetías y que obnubilaban mi voluntad comienzan a desvanecerse, excepto una...
Hasta la muerte.
Salgo de la casa y cierro la puerta tras de mi, dejándo caer el cuchillo bañado con tu sangre.
Te lo merecías.
Y sonreí.
Un silencio sepulcral se cierne sobre el apartamento que dejo atrás.
Camino firme hacia la salida. Mis tacones resuenan en el portal.
Dejo caer el cuchillo que llevaba en mi mano, que al golpear contra el suelo de mármol resuena profanando el silencio de la noche,
y sonrio.
Te lo merecías.
A lo lejos escucho unas sirenas. Pronto estaré lejos de allí.
Te lo merecías.
Me repito mucho más convencida. Y mi sonrisa se tornó en una carcajada.
Recuerdo cuando nos conocimos. Fue el destino quien nos juntó. Supe entonces que estaríamos juntos siempre.
Aún puedo sentir tu cuerpo dentro del mio, tu fuerza contra mi. Tus gotas de sudor cayendo sobre mi cara y mi cuerpo. Poseyéndome, haciéndome tuya...
Recuerdo cada palabra que me dijiste como si me las acabaras de susurrar al oído.
Te deseo. Serás mia siempre. Hasta la muerte... Murmurabas mientras me follabas y te enredabas en mi pelo.
Me repito mucho más convencida. Y mi sonrisa se tornó en una carcajada.
Recuerdo cuando nos conocimos. Fue el destino quien nos juntó. Supe entonces que estaríamos juntos siempre.
Aún puedo sentir tu cuerpo dentro del mio, tu fuerza contra mi. Tus gotas de sudor cayendo sobre mi cara y mi cuerpo. Poseyéndome, haciéndome tuya...
Recuerdo cada palabra que me dijiste como si me las acabaras de susurrar al oído.
Te deseo. Serás mia siempre. Hasta la muerte... Murmurabas mientras me follabas y te enredabas en mi pelo.
Esas palabras aún retumban en mi cabeza.
Hasta la muerte, qué ironía.
Te amaba. Habría dado la vida por tí.
Y me humillaste, me pisoteaste. Jugaste con mi razón...¡me llevaste a la locura!
Te reiste de mi.
Podía oler tu sudor mezclado con el olor de otras mujeres, verlas estremeciéndose bajo el vaivén de tu cuerpo. Notar tus músculos tensarse antes de llenarlas con tu esperma.
Día tras día, mes tras mes. Tragando una retahíla de mentiras que me iban pudriendo por dentro. Destruyéndome, envenenándome...
¡Estás loca!
Me aullabas.
!Estás loca¡¡No sabes lo que dices!
¡Claro que he enloquecido! De rabia y de dolor, de celos...
Al verte en la cama con ella. He enloquecido.
La ira ha invadido mi cuerpo. El fuego quemaba mis entrañas, y las lágrimas corrían por mi rostro antes de tocar el suelo.
Hasta la muerte. Te he repetido. Tal y como me lo habías murmurado tú, una y otra vez mientras me hacías el amor.
Hasta la muerte...
Silencio.
El silencio envuelve toda la casa.Las frases que me repetías y que obnubilaban mi voluntad comienzan a desvanecerse, excepto una...
Hasta la muerte.
Salgo de la casa y cierro la puerta tras de mi, dejándo caer el cuchillo bañado con tu sangre.
Te lo merecías.
Y sonreí.
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