El juego continua...

El cuerpo de Jane Doe emerge de las pantanosas aguas y revelará el lado más oscuro de todo ser humano...




martes, 28 de abril de 2020

Un viaje de negocios

   Tuve que trasladarme a aquella pequeña capital de provincia por motivos laborales. Tras varias horas conduciendo, llegué al hotel, un edificio vetusto y señorial situado a orillas del caudaloso río que cruzaba la ciudad. A pocos metros, un imponente puente de piedra erigido hace siglos me llevaba hasta el barrio amurallado.

  Me instalé en una amplia y moderna habitación, dejé la maleta en el interior de un gran armario cuyas puertas de espejo devolvieron mi imagen cansada, y me tumbé en la cama. Entre los ruidos de la televisión y de las notificaciones de "wasap" ignoradas, me quedé dormida. Al día siguiente tenía que trabajar.

  Finalizada mi jornada laboral, regresé al hotel para arreglarme para salir. Había rechazado la oferta para ir a cenar con unos compañeros de proyecto, cuatro frikis veinteañeros, para darme la oportunidad de conocer la ciudad con la única compañía de mi curiosidad. Me desnudé, miré en el espejo del baño los efectos de la gravedad con el paso de los años y me metí en la ducha. Dejé que el agua muy caliente recorriera mi cuerpo, dejando enrojecida a su paso la piel de mis pechos, mi vientre, mis nalgas, como si me hubieran castigado por ser una niña díscola.

   Pese a ser octubre y refrescar, decidí ponerme un vestido corto, negro, con pequeñas flores rojas que me daba un aspecto algo juvenil. Me subí una media con cuidado hasta el muslo, después la otra "¡Sin hacerme ninguna carrera, soy una máquina!" pensé. Botas, cazadora de cuero y labios rojos. ¡Siempre seré una gloria rockera!

    Caminé sin rumbo por las calles empedradas de la ciudad, perdiéndome por aquellos lugares con encanto. Cené de pie en la barra de un bar, con una cerveza en la mano y continué deambulando hasta que, al doblar una esquina, descubrí un pequeña sala de música en directo. Tocaba un grupo de rock sureño de Bilbao, que mantenía a los parroquianos bailando y cantando enloquecidos. Me situé el fondo de la barra, y pedí una cerveza. "En botella, por favor. Me gusta beber a morro…"

   Disfruté del espectáculo, me dejé llevar por el ritmo de aquellos músicos impresionantes, y disfruté también del desfile de hombres que se presentaban ante mí, sola en aquel lugar, e intentaban de manera infructuosa alcanzar algo más que una conversación trivial acerca de qué hacía una mujer como yo, en un sitio como ese…

    Hacía un rato que me había fijado en él, justo al otro lado de la barra. Moreno, barba espesa y cuidada, más cercano al medio siglo que a la treintena. Bebía whisky con hielo lentamente, apurando cada trago. No podía quitar la vista de sus labios, y de sus manos acariciando ese vaso…
Alzó la mirada y la cruzó con la mía. La retiró turbado, pero la curiosidad le pudo más. Volvió a subirla y se encontró de nuevo con mis ojos fijos en él.

    Al cabo de un rato de jugar con las miradas, y como presa de un hechizo, cogió su bebida y se situó frente a mí. Su cuerpo se me antojó demasiado cercano al mío para ser dos desconocidos. Pedimos otra ronda. Me sugirió que le acompañara afuera a fumar. Accedí.

   Le observé fumar. La manera que tenía de exhalar el humo entre sus labios me resultaba terriblemente hipnótica. Y no recuerdo cómo pasó, pero sin darme cuenta estabamos comiéndonos la boca en plena calle. Su cuerpo contra el mío, el mío contra la pared del local. Nuestras lenguas jugando, mientras nuestros cuerpos (más el suyo que el mío) evidenciaban el deseo que sentíamos. Su mano, aventurera, realizó una incursión debajo de mi falda, y sonrió al descubrir que mis medias no le impedían acceder libremente a mi sexo, que a esas alturas ya estaba totalmente mojado.

   El camino hacia el hotel hizo subir la temperatura entre nosotros. Cualquier callejón solitario y oscuro era un buen lugar para comernos a besos, para que sus manos acariciaran mis pechos por debajo del vestido, para sentir su polla dura apretada contra mi vientre.

  Atravesamos la recepción del hotel riendo nerviosos como unos adolescentes, a pesar de que hacía décadas que habíamos dejado esa etapa atrás. La entrada a la habitación era un camino de abrigos, zapatos y calcetines tirados torpemente por el suelo, acuciados por el deseo que sentíamos.

      Le conduje hasta los pies de la cama, tirando de él sin separar un milímetro nuestras bocas sedientas. Busqué a tientas bajo su pantalón su polla dura, mojada y comencé a manosearla con avidez deseando acabar pronto con todo aquel protocolo y que me follara de una vez.

     Su idea no era esa. Asió mi rostro entre sus manos, y separó delicadamente nuestras bocas. Me miró a los ojos y me susurró algo que no entendí dándome un suave beso en los labios. Acto seguido me empujó hacia abajo, poniéndome de rodillas frente a su sexo que se erguía firme frente a mi. Con una mano aún sujetándome la cabeza, empezó a acariciarme la cara con suavidad, recorrió mis labios con la punta de sus dedos. Abrió mi boca e introdujo su dedo índice, el cual chupé obedientemente… lo mismo hice cuando introdujo otro… o varios a la vez. Sacaba su mano de mi boca, húmeda con mi saliva que extendía sobre mi cara.

    Me volvió a agarrar la cara con las dos manos y me guió hasta su polla "¡Cómetela!".  Comencé a lamerla lentamente, recorriendo toda su longitud con mi lengua, dibujando sus venas, saboreando cada centímetro. Con una mano me ayudaba a acariciarle, acompañando con ella los movimientos de mi boca.

   Entonces él me sujetó firmemente y, sin más preámbulo, hundió su polla en mi boca, con fuerza, hasta el fondo, impidiéndome respirar hasta que me provocaba una arcada, solo entonces rebajaba la tensión y me dejaba tomar aire. Repetía una y otra vez, cada vez con más intensidad. Yo disfrutaba viendo su cara de cabrón mientras me sometía a esa tortura. En el fondo, el que estaba subyugado al deseo que le provocaba era él.

     Detuvo aquel juego ante la inminencia de correrse en mi boca, y sin soltar mi rostro de entre sus manos escupió en mi boca. Me levantó del suelo. Nuestros labios volvieron a fundirse en un beso profundo, ansioso. Sus manos recorrieron mi torso, dibujaron mi cintura, se aferraron a mi cadera y con un movimiento firme me giró, colocándome frente al gran espejo del armario, subió mi falda sobre mi cintura y apartó hacia un lado mis bragas de encaje negro… observó mis nalgas desnudas, expuestas, las acarició con devoción antes de darme un cachete y un beso. Repitió la acción una vez más, dejando las marcas de sus dedos sobre mi culo. Se agachó detrás de mí para recorrer mi sexo su lengua. Dibujó mil formas sobre mi clítoris mientras sus dedos hábiles acompañaban sus movimientos, hasta llevarme al orgasmo.

    No había terminado de correrme cuando me penetró. Aún sentía las oleadas de placer cuando noté su polla abriéndose paso dentro de mí. Sus embestidas, al principio lentas y profundas, dieron paso a otras más desesperadas y rápidas.
Me agarró del pelo para subir mi cabeza. Quería que viera lo que él veía. Sus ojos se clavaron en los míos a través del reflejo del espejo mientras me follaba sin dejar de mirarme. Sin dejar de admirar mi cuerpo medio desnudo, abandonado al vaivén de sus embestidas.

    Me excitaba aquella visión de dos cuerpos entregados al placer, tanto que mis dedos recorrieron mi vientre hasta llegar a mi coño mojado, y comencé a moverlos suave y rítmicamente hasta encontrar de nuevo el éxtasis, mientras él cachondo y agotado, respiraba agitadamente sobre mi espalda. Entre embestidas y cachetes en mis nalgas terminó derramándose dentro de mí, dejándose caer sobre mi cuerpo, como si de un Sansón se tratara, jadeando, sin fuerza.

Permanecimos así durante un largo rato. Acompasando nuestras respiraciones hasta que recuperamos las ganas de movernos hasta la cama.
Allí él me abrazó y me besó en la frente.

-¡Feliz aniversario cariño! Eres increíble, lo sabes ¿verdad?


                       Miss Atomic.

2 comentarios:

  1. Joder , quien fuera el hombre objeto del deseo de esa mujer . Con esa capacidad de amar y odiar . Quien no lo vea tiene que ser necio y estupido .....

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  2. Hay que si, vaya follada, y sin pagar dinero, Mola.

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